lunes, 14 de septiembre de 2009

¿Por qué? 1ª fase

Creo que para poder explicar mi estado actual tengo que dividir las últimas semanas en fases.

Era lunes, el último día de agosto. Septiembre amenazaba con entrar y acabar con el verano, este verano tan extraño, tan diferente, tan vacío. Me encontraba en mi trabajo, intentado soportar el sopor del inicio de la semana cuando ella me llamó al móvil. Como es costumbre colgué la llamada y telefoneé yo, que pague la empresa. Me sorprendió diciéndome que quería comer conmigo para hablar de diversos asuntos, entre ellos, nuestra pequeña. Con esos argumentos, yo no me podía negar, propuse que viniera a buscarme al trabajo y fuéramos a comer a alguna de las terrazas de verano que abundan por aquí. Ella se negó, quería que yo fuera a casa. Mi sorpresa fue en aumento, ya habíamos quedado en anteriores ocasiones que ciertos temas los intentaríamos tratar en terreno neutral, ella sabe perfectamente que esa casa puede conmigo, demasiados recuerdos en cada uno de sus rincones, un olor demasiado familiar para mi corazón, un lugar que hace que mis heridas sangren de nuevo.

Al salir del trabajo me encamine hacia tu casa, estaba hecho un flan, no pude quitarme de la cabeza en toda la mañana que era lo que me querrías decir sobre la pequeña, si atacabas por ese lado me hundiría, mi pequeña había sido el único motivo para mantenerme a flote durante estos últimos meses. Al llegar a la puerta de tu casa decidí que tenía que mantenerme firme, parecer duro, no dejar mis debilidades accesibles. Entre con valor, dispuesto a dar lo mejor de mi mismo en ese momento, dejar que la soberbia y el orgullo dominaran el timón de mis palabras.

El tema de nuestra pequeña acabo pronto, no estamos de acuerdo y nunca lo estaremos, yo no estoy dispuesto a que me arrebaten lo único que me queda, no sin presentar batalla, una batalla pacífica, por supuesto, mi principal prioridad es ella y nunca haría algo que la pudiese dañar. Me preguntaste por mi vida y te lo conté todo, mi gran error, otro más que añadir a una larga lista, mi presente y mis planes de futuro, te conté lo de esa chica que empezaba a merodear mi corazón y pude ver en tus ojos una mirada celosa. Entonces rompiste a llorar, haciendo preguntas sobre nuestra vida, sobre los motivos por los cuales nuestra relación se había roto. Son preguntas que yo no puedo responder, están en tu cabeza, tú fuiste la precursora de esta situación, solo tú puedes comprender los motivos que te llevaron a provocar esta situación.

Poco a poco iba notando como abrías una vía de arrepentimiento, tus palabras parecían querer decir algo que tú nunca admitirías abiertamente, el orgullo siempre te pudo. Yo intenté ayudarte, intente sacar esas palabras que tanto tiempo había esperado oír, una puerta abierta a la felicidad, a poder recuperar la vida que tanto anhelo. Todo esfuerzo fue en vano, al final tus palabras se ahogaron en un mar de lágrimas.

Seis horas de tertulia contigo y lograste sembrar la duda en mi vida, lograste que me replanteara durante unos días lo que hacer y lo que no hacer. El miedo se instaló en mi alma e inconscientemente comencé a poner distancia con lo que tanto me había costado construir hasta ese momento.

Era el comienzo del fin de mi intento de olvidarte, es imposible, no logro escapar de ti.

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